sábado, 17 de abril de 2010

Algunas fotos

Comulgando en la misa del 12 de Octubre de 2009
En la misa del 12 de Octubre de 2009
Misa en memoria de las Madres Fundadoras
el 7 de Octubre de 2009
Homilía del Padre Arquímedes (Colombiano)
el 11 de Octubre de 2009 en la casa de las Hermanas






jueves, 29 de octubre de 2009

De la biografía de Madre Remedios III




Ámbito de su espiritualidad cristiana

La Ciudad episcopal de Vich se caracterizaba en tiempo de Ramona por su profunda religiosidad. El número de vocaciones sacerdotales y religiosas allí nacidas explica que se la conociera como ciudad levítica. En el siglo XIX sobresale también Vich por ser cuna de nuevas fundaciones de Congregaciones Religiosas.

Los templos más frecuentados por Ramona en Vich fueron las Iglesias de las Beatas Dominicas, de las Sacramentarias, de los claretianos y, además, la Santa Iglesia Catedral; en el templo de las Sacramentarias solía acudir Ramona con sus amigas para la adoración del Santísimo Sacramento. Su director espiritual, Dn. J. Gassó, capellán de las Beatas Dominicas durante los años 1915-1927, celebraba y confesaba en la Iglesia de su capellanía, dedicada a Nuestra Señora del Rosario y a Santa Catalina de Sena, muy cerca de la Catedral; su confesonario exterior estaba según se entra en el templo a la derecha. Sus dirigidas, entre las que se encontraba Ramona, frecuentaban este templo, cuya decoración modernista interior fue realizada a partir de 1910; el 8 de septiembre fue estrenada el renovado altar mayor; algunas de ellas envidiaban a Ramona, porque estaba más tiempo confesándose; incluso un día Ramona dio un pisotón a una de ellas por mandato del confesor. En fin, su conducta ocasionó muchas habladurías entre las mujeres frecuentadoras de la iglesia.

El beaterio de Hermanas Terciarias Dominicas de Vich se estableció en 1692 en torno al Convento de los Dominicos, presentes en Vich desde 1574, y una de las dedicaciones primordiales del beaterio desde su fundación fue la enseñanza, no obstante ser monjas de clausura. En tiempos de Ramona, lo mejor de la juventud femenina de Vich estudiaba en el Colegio externado de las Beatas Dominicas, lo que explica que fuera un centro de espiritualidad para las jóvenes.

Entre las lecturas asiduas de la joven Ramona está el libro intitulado "De la imitación del Sagrado Corazón de Jesús", del P. J. Arnoldo, S.J.[1], su manual de la formación espiritual, cuyo contenido es una adaptación de la Imitación de Cristo a la imitación del Sagrado Corazón de Jesús; es una suma de doctrina espiritual ascético-mística (aunque el vocablo mística no es frecuente), apropiado para la lectura espiritual individual durante todo el año, donde se propone lo particular y especial en orden a evitar el mal y practicar el bien.

Se trata de un libro dividido en cuatro partes. La primera ofrece un conjunto de avisos útiles para purificar nuestro corazón en el Corazón de Jesús; la segunda es un conjunto de advertencias para imitar el Sacratísimo Corazón de Jesús, a partir de los hechos y palabras de la vida de Jesucristo; la tercera presenta advertencias útiles para imitar el Sacratísimo Corazón de Jesús paciente, a partir de la Pasión de Jesús; y cuarta es un elenco de avisos útiles para unirse con el Sacratísimo y Bienaventurado Corazón de Jesús, a partir del sacramento de la Eucaristía.

. Cada una de las cuatro partes ofrece un directorio para facilitar la consecución de sus objetivos. La primera parte intenta librar el corazón del pecado y lograr después la purificación perfecta de las raíces y consecuencias pecaminosas en el corazón. En orden a ello se invita a leer con atención y a poner por obra lo que se dice. En concreto, presenta dos formas posibles de rezar y clarifica lo que se entiende por conciencia (la voz de Dios) y sus clases (verdadera o recta, falsa o errónea, escrupulosa y laxa). Finalmente, presenta ocho criterios para distinguir entre la voz de uno mismo, la voz del demonio y la voz del Espíritu Santo. Esta parte responde a la vía purgativa.

La segunda parte trata de iluminar el corazón con la práctica de las virtudes, entrando en la escuela del Sagrado Corazón de Jesús, es decir, aprender a ser mansos y humildes de corazón por motivos sobrenaturales. Las obras de Jesús se imitan, no tanto debido a las motivaciones naturales del corazón, sino debido a la cooperación de la voluntad con la gracia de Dios. Termina presentando siete criterios para distinguir cuándo nos tienta el demonio con apariencias de bien y cuándo es el Espíritu Santo, quien nos impulsa al verdadero bien. Esta parte y la siguiente responden a la vía iluminativa.

La tercera parte trata de llegar a la perfección o santidad por medio de las virtudes heroicas, que se manifiestan en el saber padecer, tomando por modelo a Jesús Paciente, es decir, imitando las virtudes heroicas de su Corazón Paciente. Esta santidad perfecta tiene dos grados y cada uno de ellos tiene tres modos de practicarse y conseguirse. En el primer grado se sufre lo que no se puede evitar y se sufre a) con paciencia; b) conformando nuestra voluntad con la divina; y c) con gozo sobrenatural.

En el segundo grado se sufre también lo que es posible evitar, pero se acepta o se busca de buen grado y se padece a) por amor a Jesús y con fin sobrenatural (reparación de las injurias, conversión de los pecadores, perseverancia de los justos y consecución del bien); b) por el deseo de una completa conformidad con Jesús y por los frutos que se obtienen; y c) por amor purísimo, siendo una sola cosa con Jesús. Explica los méritos de las virtudes heroicas para la vida eterna. El tesoro escondido es entrar en los afectos y disposiciones del Corazón de Jesús Paciente. Propone cómo crecer en la memoria de la Pasión de Jesús para que se inflame nuestro corazón en agradecimiento a Jesús. Finalmente, propone algunos criterios para distinguir el consuelo espiritual de la desolación espiritual.

La cuarta parte trata del amor divino en sus causas, efectos y sus formas de ser y actuar en su fuente, el Sagrado Corazón de Jesús, es decir, trata de la unión del alma con Dios, fruto del amor divino. Esta vía unitiva comprende los ejercicios de las vías purgativa e iluminativa mientras vivimos en este mundo, de modo que se puedan superar las ilusiones místicas, el deseo de los dones extraordinarios o la búsqueda de los dones de Dios por encima del Dios de los dones. Es tiempo de dejarse guiar por el Espíritu, que es el método supremo, y los actos son afectos, gratitud, gozo, confianza, admiración, alabanza, celo, humildad, amor filial y puro amor.

Las normas de discernimiento en esta última parte deben practicarse con cuidado exquisito, pues se trata de la doble unión divina, activa y pasiva, y de la consumación de la unión divina; conviene usar la unión activa más que la pasiva y los fenómenos sobrenaturales que acompañan a ésta, es decir, visiones, revelaciones, etc. Los dones recibidos de Dios son para emprender grandes trabajos o aceptar grandes sufrimientos por el Señor, no para creerse mejores. Nunca deja uno de ser pecador, por eso hay que estar siempre atentos al enemigo y a todo lo que nos aleje de la Santa Iglesia Católica. Cuando se empeña uno en defender las propias experiencias sin someterse al discernimiento de la Iglesia, es señal de mal espíritu. No deseemos, ni codiciemos gracias extraordinarias, pues ello no es propio del manso y humilde a imitación del Sagrado Corazón de Jesús. Ésta parte corresponde a la vía unitiva.

Entre las devociones características de Ramona señalamos la Pasión de Cristo, la Eucaristía, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora del Remedio, etc. Su anhelo era ser una imagen viviente de Jesús Paciente. Su amor a la Eucaristía fue intenso y apasionado. Era devotísima de la Virgen María y le tenía mucha confianza. Cuando se le aparecía solía exclamar llena de júbilo: "¡Ah, qué Señora más hermosa!". Sus amores supremos fueron Jesús Doliente y la Virgen Compasiva.

Una vez fallecidos sus padres, su madre murió el 18 de febrero de 1924 y su padre el 27 de septiembre de 1936 de una hemiplejía, e iniciada la guerra española, su vida cambió radicalmente. Ramona había cuidado filialmente de su madre, con un cáncer en el cuello, consecuencia quizás también de sus neurosis e irritabilidad; al ver el cariño de la hija, la madre le pidió perdón por lo mal que le había tratado. Después atendió a su padre, que siempre la había querido mucho. Al morir su padre, ella quedó sola, pues las monjas a cuyo servicio estaba como demandadera desde la muerte de su madre, (se la conocía como la andadora del Saits, pues llevaba la ropa que las monjas planchaban en una bandeja grande). fueron expulsadas del monasterio y éste fue ocupado por los republicanos. Ramona durante algún tiempo comía y cenaba en casa de su íntima amiga y vecina Dña. Dolores Serra Molí de Aussió, donde conoció al P. Felipe Calvo, CMF[1], pues éste la atendía sacerdotalmente en su domicilio y allí celebraba incluso la misa.

La actividad destructora de objetos religiosos culminó el 9 de septiembre de 1936, cuando por orden del Comité Antifascista fueron reunidos y quemados en la Plaza Mayor libros y otros muchos símbolos de la presencia física de la Iglesia; ya a principios de 1932 el ayuntamiento había retirado el crucifijo de las clases y del cementerio municipal.

En el verano de 1936 también Ramona estuvo en situación inmediata de derramar su sangre por ser católica. En efecto, tuvo escondido por unos días en su casa al Obispo de Vich, Dr. Juan Perelló i Pou (1927-1955), refugiado finalmente en Mallorca. Por este motivo entraron en su casa un día cuatro milicianos bien armados, exigiéndola revelase los escondites de algunos sacerdotes que estaban buscando para asesinarlos, sobre todo, al Dr. Gassó. "Si no hablas, morirás", la dijeron. La propusieron darle dinero si hablaba, mas ella respondió con la gallardía de una mártir: "No vendo mi alma por cuatro dineros; no sé dónde están, pero si lo supiera tampoco os lo diría". Se la llevaron al despoblado, donde tantos mártires fueron asesinados en aquellos meses. Pero Dios la tenía destinada para otro martirio, pues llegó el terror de la comarca de Vich, Francisco Freixenet, vecino de casa y jefe de las milicias antifascistas, posteriormente refugiado en Méjico donde falleció, cuyo hijo de dos años había sido curado en un momento de asfixia anteriormente por los cuidados y oraciones de Ramona y la liberó, diciendo a los milicianos: "Dejadla; ésta no me la toquéis", dándole un salvoconducto; pero tuvo que volver a pie y sola a Vich, caminando durante una hora y de noche. Tenía entonces 44 años.

Ramona, liberada de su quehacer de demandadera y de las atenciones que requería su padre, se vio más libre desde el otoño de 1936 para poder dedicarse a cuidar a enfermos graves por la noche, lo que la ayudó a clarificar poco a poco su vocación y la fundación que Jesús deseaba y ella hacía años estaba tratando de discernir. Su actividad espiritual fue intensa; la devoraba el celo por la salvación de los demás y donde no llegaba con su presencia material, acudía con sus oraciones y penitencias. Durante la guerra muchas fueron las ocasiones que tuvo de ayudar al prójimo enfermo, herido y moribundo.

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Extractos de las primeras páginas del libro de la biografía de la Madre Ramona.

[1] El P. Felipe Calvo, CMF nació en Gumiel de Hizán, Burgos, el 1 de mayo de 1893; fue ordenado sacerdote el 2 de junio de 1917 en Zaragoza. Comenzó a confesar y dirigir espiritualmente a Ramona en 1938, durante la guerra, y estuvo de Director de la Obra de Jesús Paciente hasta principios de 1955. En 1967 celebró también sus bodas de oro sacerdotales en la Masía de El Pujol, recordando los tiempos heroicos de la guerra. El P. Calvo murió en Valencia el 12 de agosto de 1969.

[2] Ramona, cuando se estableció en Barcelona, trajo dos ejemplares del libro del P. J. Arnoldo, S.J., La Imitación del Sagrado Corazón de Jesús. Librería de Dn. Miguel Olamendi. Calle de la Paz, 6. Madrid 1870; y Apostolado de la Prensa, Madrid 1913. Este libro incluye el texto de la Imitación de Cristo.